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Su Historia


Los más importantes Caciques del Territorio Lacustre.

"Una resaltante virtud que mostraron los pobladores aborígenes del área lacustre, y que aún conservan, es el amor a la libertad.

La llegada de los españoles y alemanes impuso nuevas maneras de vivir. Con ellas los indígenas perdieron su libertad; fueron sometidos a la esclavitud; se les arrebataron las tierras que habían venido cultivando desde tiempos inmemoriales para establecer nuevas formas de derecho de propiedad, según las leyes europeas; se tomaron las mujeres indígenas para que sirvieran de concubinas a los advenedizos y, finalmente, trataron de hacer olvidar las costumbres de la raza autónoma, obligándolos a someterse a nuevas formas de vidas, producto de convencionalismo.

Los Caciques supieron enfrentarse a los europeos para defensa de la raza.

Marac:

A los abusos de los españoles y alemanes se opuso la tenacidad y el valor temerario de los jefes aborígenes. El primero que defendió fuertemente los derechos de los indígenas,sus hermanos de raza, ante los ataques de los europeos en territorio lacustre, fue el valeroso cacique conocido con el nombre de Marac, quien gobernaba en las tierras del sur del Lago, desde la región donde hoy se localiza la parte del norte del Departamento Norte de Santander, en Colombia, hasta el piedemonte andino, en área de lo que hoy es territorio de los Municipios Colón, Catatumbo y el norte de la territorialidad tachirense. Sobre la existencia de este poderoso señor indígena la más antigua referencia histórica data del año 1741,178 años después de las acciones cumplidas por ese aguerrido jefe aborigen: esa noticia se tiene de un libro publicado aquel año en Santa Marta.

El poderío de este jefe aborigen debió trascender los linderos de su jurisdicción, pues los conquistadores decían que todos los indígenas hablaban de un poderoso señor que gobernaba en la región del sur del Lago.

Los aborígenes, valiéndose de numerosas estrategias, luchaban fieramente contra los hombres blancos en defensa de sus libertades y propiedades.

Con el Cacique Marac pactaron otros jefes aborígenes y caciques menores, con lo que su juridicción y poder se hicieron grandes; por lo que los habitantes del Lago hacían referencias a él en muchas leguas a la redonda, pues lo aguerrido y audaz de su temperamento, mantuvo a raya a los soldados conquistadores durante mucho tiempo.

Tonoligaste:

Fue el señor y jefe guerrero de la confederación de pue- blos aborígenes, los Tansares y Aliles.

Valeroso representante de la raza indígena, destacó en muchas oportunidades en los choques sangrientos habidos con los europeos conquistadores: pudo derrotarlos en numerosas oportunidades cuando peleó por defender los derechos naturales de su raza.

Murió en los primeros años del siglo XVI, en un ataque contra el soldado invasor, en lo que hoy conocemos como Isla de Providencia, lugar en que solía tener su asiento. Su jurisdición abarcaba los pueblos ubicados en el litoral lacustre, donde hoy están Maracaibo y Puertos de Altagracia y Santa Rita.

Nigale:

Célebre cacique de las tribus confederadas de Zaparas, Aliles, Sinamaicas y Toas y señor de oficio de la nación Zapara. Es conocida la temeridad con que en todo momento luchó en defensa de la raza, cuando la invasión europea inició las acciones de conquista.

Su última y más célebre jornada fue la realizada en una sucesión de incursiones y ataques a Maracaibo, que obligó a esta ciudad a rodearse de empalizadas a manera de fortificaciones. La llegada de Juan Pacheco Maldonado, hijo de Alonso Pacheco el fundador de Ciudad Rodrigo, que venía expresamente equipado y acompañado para hacer frente a los indígenas, trajo el fin de Nigale.

En efecto, hacia el mes de junio de 1607, Pacheco avanzó hasta el norte del Lago y en la región de los Zaparas con engaño y traición logró traer a Nigale y sus principales colaboradores. Llevados prisioneros hasta Maracaibo y encerrados en su cárcel al cabo de pocos días fueron ahorcados en la Plaza Mayor de la Villa, sin que los malos tratos y tormentos dados a los indios por los conquistadores, hubiesen podido arrancar de estos valerosos naturales ni una sola palabra o queja.

Caciques Matagüelo y Camiseto

Jefes de la nación paraute en el área suroriental del Lago de Maracaibo (parte sur del actual Municipio Bolívar y región de Baralt). En los años primeros del siglo XVI estos valerosos caciques lograron imponer respeto a los españoles, quienes, en incursiones realizadas tierra adentro, maltrataban, esclavizaban y aún, asesinaban a los aborígenes que se mostrasen más rebeldes. Matagüelo y Camiseto fueron jefes indígenas de excepcional valor. Finalmente, con traicioneras estratagemas fueron dominados y ahorcados por los soldados de Pacheco Maldonado, quienes los condujeron amarrados hasta Nueva Zamora de Maracaibo, donde los ajusticiaron en el año 1576.

Yaurepara

Jefe de la nación goajira, el que mayor respeto y sumisión obtuvo de este indómico pueblo. Nació en un lugar de la Sierra de Wincúa y de adolescente se trasladó a propiedades adquiridas por sus padres en la región donde hoy se localiza Maicao (Departamento de la Goajira, en Colombia).

Este caudillo wayúu, se alió con otros jefes de las diversas parcialidades goajiras y se prepararon para seguir el hostigamiento a los españoles, especialmente a los que viajaban entre Maracaibo y Río Hacha.

Sabido es que los goajiros jamás se dejaron subyugar por los europeos pues se mantuvieron siempre en actitud de defensa y lucha, por lo cual pudieron conservar todas las características de su raza. En 1786, se logró que los jefes goajiros capitaneados por Yaurepara firma- ran con los españoles de Maracaibo y Río Hacha, representados en sus gobernadores, un convenio mediante el cual, el pueblo goajiro entraba en paz con las gentes del resto de ambas provincias y dejaban expedito el camino entre las dos ciudades mencionadas. Desde entonces reinó la paz entre ambos pueblos y los goajiros se fueron incorporando a la vida civilizada.

Yaurepara fue el único jefe aborigen que logró firmar convenios de igual a igual con los gobernantes coloniales. Este valeroso cacique murió en sus posesiones el año 1810, cuando empezaba a florecer Paraguaipoa, como resultado de la paz lograda.

El tratado aludido fue firmado en Maracaibo el 31 de agosto de 1796: por él se concedió autonomía a la nación goajira, además de recibir indemnizaciones por los daños sufridos durante la época de los alzamientos bélicos.

La actuación de Yaurepara fue la última expresión de soberanía que la nación goajira hizo sentir oficialmente a los blancos.

La Princesa Zulia dio nombre a la región lacustre

Zulia es nombre aborigen. En efecto, correspondió a la identidad de una princesa de nación motilona, hija del Cacique Ciñera que gobernaba una extensa región que abarcaba las geografías de los actuales municipios de Arboledas, Cucutilla, Salazar, San José de la Montaña, Gramalote del Departamento Norte de Santander, en Colombia.

En esas tierras habitaban parcialidades indígenas que se distinguían con los nombres de Balagáes, Rábicas, Ikotas, Mogarontos, Iskatóques, Kones y Mutiscuas.

La princesa Zulia era muy conocida entre los pueblos aborígenes de la región, por la elegancia de sus formas y la belleza física y espiritual que adornaban su persona. Nada tiene de raro esa belleza, pues los europeos que llegaron con Alonso de Ojeda en 1499 y los que vinieron con Ambrosio Alfínger en el año 1529, afirmaron que las hembras de la cuenca lacustre eran las más hermosas mujeres que habían visto en su vida. Los antiguos cronistas nos dicen que Zulia era de estatura de gran esbeltez y su cintura cimbreaba como el tallo de las palmeras de su tierra al ser acariciadas por el viento. Pero dicen también que era una mujer de temple formidable y de un valor a toda prueba.

Aquellos pueblos vivían en completa armonía y tranquilidad, dentro de la paz ancestral que disfrutaban. Pero a partir de 1533, con la presencia de los soldados europeos, comandados por Ambrosio Alfínger, se alteró el sosiego. Las amenazas de guerra estuvieron a cada instante incomodando esas gentes; por lo cual pidieron al Cacique Ciñera, padre de Zulia, que aceptara ser el jefe de una confederación de tribus, para enfrentarse a los invasores de raras vestimentas y con armas que vomitaban fuego, porque esa presencia era un peligro para todos los aborígenes. Ciñera aceptó y, entonces, se constituyó en verdadero conductor de pueblos: concilio, dialogó, orientó, reorganizó, etc.

En este ambiente se formaría tiempo después, Zulia, nacida por el año 1538: ella seguiría el camino de lucha que estaba empeñado su padre. Y fue creciendo en estatura, belleza y sagacidad. Cuando llegaron los años de su primera juventud, con las enseñanzas de su padre, se presentaba como hábil negociadora y guerrera estratégica. Por ello, para reforzar la amistad y ayuda de todas las parcialidades indígenas, su padre Ciñera, la escogió como su representante para que parlamentase y negociase con los diversos jefes de tribu y concertarse con ellos las estrategias defensivas y ofensivas contra el enemigo común de sus hermanos de raza. Ella cumplió exitosamente el encargo y regresaba al lado de su padre a darle cuenta de sus actuaciones.

Diego de Montes y sus soldados habían salido en expedición, buscando un fácil camino que enlazase a Pamplona con Santa Marta; chocaron con las huestes aborígenes y en lucha sangrienta murió valerosamente Ciñera; Zulia, al llegar a su lugar habitual conoció la muerte de su padre. Indagó el lugar donde cayó sacrificado en defensa de su raza y, con las ceremonias de costumbre, con que su nación honraba y sepultaba a sus hombres principales enterró a su padre.

Pronto se rodeó de un numeroso ejército de soldados aborígenes, de valor comprobadamente temerario: ellos siguieron a su princesa incondicionalmente y juraron seguir sus órdenes para luchar hasta morir en defensa de sus derechos.

En una de sus expediciones bélicas llegó Zulia con sus soldados a las tierras de los cúcutas, en las que gobernaba el Cacique Guaimaral, un príncipe proveniente de tierras lejanas e hijo de un legendario guerrero de nombre Marac. Guaimaral había venido a estas regiones cucuteñas, desde la tierra de su padre Marac, navegando por el río conocido hoy como Catatumbo y también por el río Zulia, como se conoce en la actualidad.

Con Guaimaral hizo contacto la princesa Zulia. El le dio todo su apoyo y los ejércitos aborígenes se dividieron en dos grandes escuadrones: uno bajo el mando de Zulia y otro, bajo el Junando de Guaimaral.

Ambos batallones se lanzaron en la lucha contra los europeos y cayeron sobre una población que estaba recién fundada: Salazar de las Palmas, fundada por Diego de Montes el año 1553. En este ataque murieron casi todos los habitantes de este pueblo y aparentemente quedaron en paz los aborígenes.

Tiempo de descanso en la armas que tanto Guaimaral como Zulia lo aprovecharon para unirse en matrimonio. Se establecieron en el poblado Cúcuta, que había recibido el nombre del Cacique y que se levantaba a la orilla derecha del río que luego se llamaría Pamplonita.

Con el matrimonio se reforzó la federación de tribus; pero el descanso y la tranquilidad poco duraron, pues la destrucción de Salazar y la muerte de sus habitantes blancos, contrariaron al fundador de Pamplona, capitán Ortún de Velazco, quien envió contra los soldados indígenas de Guaimaral y Zulia al capitán Pedro Alonso y su teniente Juan Trujillo, con soldados muy bien armados. Estos en 1561 salieron en plan de guerra contra los habitantes de las tierras cucuteñas, incendiando a su paso las viviendas aborígenes y asesinando a sus moradores.

Zulia, conocedora del desplazamiento de esas tropas por la vía de Salazar salió contra ellas, quedando Guaimaral en las tierras de su dominio preparándose para la defensa. Los europeos llegados a Salazar chocaron con los soldados indígenas dirigidos por Zulia: los atacaron ferozmente y dieron muerte a casi todos los aborígenes, incluyendo a la Princesa Zulia. Esto sucedió en la segunda mitad de ese año 1561.

Al conocer Guaimaral la muerte de su esposa, enloqueció de dolor y sin dirección ni esperanza, tomó rumbo hacia el norte, tal vez buscando la tierra de sus mayores. Pero la vorágine de la selva se tragó a este valeroso guerrero.

Por los siglos, el nombre y recuerdo de la Princesa Zulia se mantendrá en el corazón de las gentes, pues con esa identificación se conocen las tierras lacustres desde 1824, cuando se denominaron por primera vez Departamento de Zulia, en la organización que decretó el Libertador para la República de Colombia de la cual formaba parte la vieja provincia de Maracaibo.(*)


 

*Antonio Gómez Espinoza. (1990)"Historia Básica del Zulia" págs. 7-31

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